En estos tiempos de cambio climático y preocupación ambiental, la eficiencia energética es uno de los principales caballos de batalla de las sociedades avanzadas. Es también, con toda lógica, una de las cuestiones centrales en el ámbito de la calefacción, ACS y climatización.

Las empresas del sector buscan y ofrecen nuevas soluciones a sus clientes, en un contexto de cambios legislativos de rango nacional y europeo con unas claras directrices: el ahorro energético, la obtención de mejores rendimientos y una contabilización individualizada y precisa del consumo.

En este escenario de cambio, empresas y consumidores se preparan para encajar las novedades en cuanto a seguridad, revisión y mantenimiento de instalaciones; pero también afrontan los cambios como una oportunidad de aumentar su volumen de negocio, para unos, y de reducir sus facturas, para otros.

Los tipos de calefacción que vienen… y los que se van

Las políticas de eficiencia energética parecen favorecer el auge de ciertos sistemas de calefacción y condenar otros, los más contaminantes y menos seguros. Así, los sistemas de calefacción central son los grandes afectados por la determinación de medir los consumos de manera individual.

Este cambio está animando a numerosos consumidores a lanzarse a la instalación de nuevos sistemas de calefacción individuales, y en este sentido algunos sistemas de calderas salen mejor parados que otros. Lo mismo ocurre con los emisores de calor (radiadores y calentadores), como podemos ver en el último informe FEGECA, correspondiente a 2018.

Con la etiqueta de eficiencia energética como guía, parece que sistemas como las calderas centrales de gasoil están condenadas a desaparecer, mientras que se confirma la irrupción de “nuevas” soluciones como la caldera de gas de condensación (murales), la caldera de biomasa o la bomba de calor alimentada por geotermia o aerotermia.

La calefacción de bajo consumo, el objetivo

Desde la perspectiva del cliente final, es el momento de hacer de la necesidad virtud, y lógicamente cualquier reducción que pueda conseguirse en la factura energética es bienvenida. En los casos de obra nueva o de reformas integrales, sea en viviendas unifamiliares o colectivas, muchos se atreven con instalaciones costosas en origen pero económicas a largo plazo, como suelo radiante o sistemas termosolares (termosifón, drainback…). Una de las soluciones más socorridas y flexibles está en la combinación de diferentes sistemas de calefacción. Así, el uso de calefactores portátiles puede permitirnos reducir nuestra dependencia del sistema principal. Los calefactores eléctricos de última generación (cerámicos, de cuarzo, de enchufe, infrarrojos) están entre los que más incrementan sus ventas.

Dispositivos tan ingeniosos como este póster calefactor de pared de bajo consumo combinan la eficiencia energética con otros de los santos griales de los tiempos modernos: la practicidad. Si además de ofrecer buenos resultados con consumos reducidos no ocupa espacio y no requiere instalación, miel sobre hojuelas.

Como vemos, el mundo de la calefacción está sufriendo profundos cambios. Las empresas productoras, comercializadoras e instaladoras tienen ante sí un reto considerable y, al mismo tiempo, una gran ocasión. Los consumidores deben saber elegir las reformas y los productos que más convenientes les resulten.